
Con esa compañía, ese animo y ese entrenamiento me dirigí a Cabezón de la Sal para tomar la salida de la primera edición de los 10.000 del Soplao.
Menudo día de perros, llevaba una semana lloviendo intensamente, y el día de la prueba no fue una excepción. Cogí toda la ropa que pude meter en la mochila y me dirigí a la salida. Un monton de ciclistas esperando y otros a toda prisa recogiendo el chip y buscando bridas para colocarlo en la bicicleta. Luego tocó esperar bajo la lluvia a que todos estuviesen preparados.
La salida sin incidentes, pero con mucha gente. Unos en pantalon corto, otros en un tamden, unas cuantas chicas (una de ellas de nuestra peña). Y entre tanta gente fui perdiendo a mis compañeros, sólo me quedaron Felix, Manuel Barquín y Omar. En el primer avituallamiento pude ver a Arsenio y Emilio, pero acababan de llegar y yo ya llevaba 5 minutos parado cogiendo frio. Así que tuve que dejarles allí.
La subida al Soplao nos la tomamos con calma, caminando la primera mitad pese a las ganas que tenia de intentar la subida entre tantos espectadores que nos estaban animando bajo la lluvia. Me dije, "no te cebes ahora que luego lo vas a pagar". Tras el segundo avituallamiento venía una trialera de bajada un poco complicada, sobre todo para mi penosa técnica. Perdí a mis compañeros, mientras que me iban adelantando un montón de participantes.

En la siguiente parada contacte con Omar, comimos unos bocadillos bajo techo y dejamos a Felix y Manu que acababan de llegar por lo mismo de siempre, nos estabamos quedando frios. Cogimos un ritmo cómodo de 7 km/hora y lo mantuvimos durante toda la subida al Moral. A Omar le costo un poco al final, pero solo se distancio unos metros, muchos menos de los que me sacó luego bajando hasta el siguiente punto de avituallamiento.
Ya estabamos un poco cansados, y no hacia tanto frio por lo que hicimos una parada mas larga. Se veía a mucha menos gente, pero ya me empezaban a ser familiares ya que practicamente nos ibamos sobrepasando unos a otros durante todo el trayecto. Aquí nos dio caza Emilio, que había tirado a muerte en el Moral para alcanzarme. Esperamos a que se recuperase un poco y comenzamos juntos la subida a la Cruz de Fuentes.
Comenzamos con ritmo tranquilo, pero tuvimos que bajar un poco el pedal porque el lumbago estaba pasando factura a Emilio. El puerto tenia muchos descansos, pero los ultimos kilómetros se hicieron realmente duros y me distancie de ellos. Al coronar comenzaria el infierno, hasta este punto la ruta habia sido dura, y la lluvia lo habia empeorado mas, pero el viento fue lo que provocó el frio gelido que se nos metio a todos en el cuerpo mojado.
La bajada por carretera hasta el avituallamiento de Palombera fue un suplicio. La gente llegaba tiritando y se veian escenas de sufrimiento mezcladas con alegria. Una amable señora, con la ropa toda mojada, nos ayudaba dandonos los platanos pelados y llenando los botellines de agua. En la furgoneta habían metido a un chico que no paraba de temblar. Pero cuando mas cansados estabamos todos llegó un hombre en bici, se bajó muerto de frio y le dijo a la señora - Abrazame. Estabamos cansados y con frio, pero manteniendo el buen humor. Emilio y Omar llegarón poco rato despues y juntos, ya hasta el final, nos dirigimos hacia la Venta Vieja.

En Venta Vieja, Omar se detuvo a calentar un poco las manos. Nos marcaron la tarjeta y comentaron que por allí habían pasado como mucho 120 personas. En la bajada sufrimos un pinchazo en la bici de Emilio. No podiamos ni quitar el tapón de la camará, Emilio desmontó la rueda, yo saqué y metí la cubierta y cámara, Omar se encargó de hincharla. Trabajo en equipo.
El siguiente avituallamiento fue una maravilla, nos esperaba un cafetín caliente mientras nos arreglaban las bicicletas. Recibimos tanto cariño y atenciones como si estuviesemos en casa.
En la ultima subida Emilio se recuperó, pero Omar estaba en reserva, sufrio lo suyo para llegar arriba. Ya eramos un equipo y había que esperar, queriamos entrar todos juntos en Cabezón.
En el ultimo kilómetro del puerto pegué un tirón ya que sabía que durante los 12 km de bajada me iban a alcanzar mis compañeros. Llegamos a la carretera y mientras nos poniamos los chalecos y las luces me llaman por telefono, el resto de los miembros de la peña nos estan esperando en la meta y ya se encontraban algo preocupados.

De los compañeros de la peña tres habían acabado antes, el resto habían abandonado, unos en Palombera, Felix y Manuel entre ellos, algunos con sintomas de hipotermia y otros en Bárcena tras haber recorrido la nada desdeñable distancia de 85 kilómetros.
He estado leyendo crónicas de otros participantes, de gente de la organización y de algunos espectadores y tengo claro que he participado en algo especial, y será una aventura que no olvidaré en la vida.